Evangelizar en las redes

“Jesús dijo a Simón: «Remad mar adentro, y echad las redes para pescar.» Simón contestó: «Maestro, hemos trabajado toda la noche sin pescar nada, pero, por tu palabra, echaré las redes.» Así lo hicieron, y pescaron tantos peces que las redes estaban por romperse.” (Lc 5, 4-6)

Evangelizar en las redes nos puede parecer más sencillo que evangelizar en el mundo físico, pero no es así. Es cierto que las redes nos permiten asumir menos riesgos y hacerlo de forma aparentemente más creativa, pero también es cierto que el impacto es mucho menor que en una acción cara a cara. Por ello propongo una técnica que suele dar buenos resultados a medio plazo. La gota de agua sobre la roca, termina por desgastarla y dejarla maravillosamente pulida. La evangelización en el siglo XXI puede utilizar este símil para salir al encuentro de quienes necesitan a Cristo. ¿De qué se trata?

  1. Busquemos un espacio social donde exista un mínimo dinamismo, es decir, que haya personas que dialoguen intercambien materiales, enlaces o simplemente intercambien mensajes entre ellos. Este espacio puede ser un grupo de Facebook, una comunidad en G+ o cualquier espacio que esté vivo.
  2. Determinemos un tema adecuado a ese espacio. Un ejemplo, si el espacio trata sobre cocina, pensemos en hablar sobre los postres que se elaboran en los conventos. Busquemos fotos, recetas, etc., que tengan alguna referencia a la fe y la trascendencia. No se trata de entrar a evangelizar de forma invasiva, sino hacerlo de forma sutil y constante. Sugerir al Señor para que sirva en “anzuelo” para quien desee ser pescado. Al fin de al cabo, somos pescadores de hombres (Mt 4, 18-20).
  3. Elaboremos un plan de presencia en ese espacio: planificación horaria y diaria, tipo de material a compartir, referencias-enlaces que proponer, etc. Para esto es interesante utilizar herramientas como ifttt.com y buffer.com, además de un espacio virtual donde se puedan revisar-compartir los aportes de forma sencilla y rápida: página de Facebook, blog, etc. Las redes son necesarias para pescar. Hay que buscar las herramientas más adecuadas y utilizarlas con confianza en el Señor (Lc 5, 4-6)
  4. Es interesante buscar otras personas que se involucren en el proyecto, porque la diversidad de voces, sensibilidades y la ayuda mutua, da sentido a la universalidad y unidad de la Iglesia. Todo espacio colaborativo es una oportunidad que el Espíritu nos ofrece para trabajar y empaparnos de unidad. La parábola de la vid (Jn 15, 1-8) nos habla de la necesidad de estar unidos entre nosotros y unidos al Señor.
  5. Oración y sentido trascendente de nuestras acciones. Cuando se trabaja en un proyecto es fácil perder el contacto con lo más importante: Cristo y centrarnos en llevar adelante el proyecto con nuestra fuerzas humanas. El salmo 127 nos dice que “Si el Señor no edifica la casa, en vano trabajan los que la edifican” y Cristo mismo nos indica en la parábola de la vid (Jn 15, 1-8): “El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada”. Toda actividad o acción es una oportunidad para que la gracia de Dios sea quien nos mueva y nos lleve de la mano por el camino de la santidad. Quienes entren en el proyecto y cada uno de los participantes, deberían de orar unidos y sentirse parte de un todo, que es el Cuerpo Místico de Cristo: La Iglesia.

Si tenemos paciencia, oramos y sabemos gestionar la gota que dejaremos caer de forma constante, nos daremos cuenta que algunas personas se acercan, nos preguntan, nos requieren para calmar su ansia de Cristo. Ese es el objetivo de la evangelización: lanzar la Semilla del Reino para que caiga en tierra propicia y germine (Mt 13, 1-9). ¿Qué hacer entonces?

  1. Dar soporte virtual a los primeros pasos de estas personas. No se trata de crear iglesias alternativas en la red, sino de dirigir los pasos de quienes necesitan a Cristo hacia la Iglesia. Mientras estas personas se deciden a dar el paso, les debemos apoyar y dar ánimos para buscar una comunidad eclesial donde vivir su fe.
  2. Si nos encontramos con rechazo y mensajes desagradables, utilizarlos para evidenciar que incluso el rechazo tiene sentido en el Señor. Aceptar las críticas positivas y agradecerlas. Señalar con humildad que las críticas negativas hacen daño a quien las realiza. Tender siempre la mano, aunque sea rechazada. No sabemos si en el futuro recordarán nuestra actitud y encuentren en ella el hilo que les conduzca al Señor. En el peor caso, podríamos ser expulsados del espacio social. No pasa nada, Cristo nos dice cómo actuar: “Cualquiera que no los reciba ni oiga sus palabras, al salir de esa casa o de esa ciudad, sacudan el polvo de sus pies” (Mt 10, 14).
  3. Si las personas que se acercan se deciden a ayudar en el proyecto, mejor que mejor. Cuantos más seamos y nos reunamos en Nombre de Cristo, más personas disfrutarán de su presencia entre nosotros (Mt 18, 20).

En todo caso, es imprescindible saber que la evangelización en las redes no es un camino de rosas. Nos encontraremos con muchos problemas que tendremos que orar y reflexionar. El camino de la santidad requiere donación de sí mismo y capacidad de llevar la cruz con esperanza. No hay otro camino de seguir los pasos del Señor.

 

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