El Arte de la Misericordia

Misericordia viene del latín misere (miseria, necesidad), cor, cordis (corazón) e ia (hacia los demás); significa tener un corazón solidario con aquellos que tienen necesidad, o traducido libremente me gusta pensarlo como poner mi corazón en la miseria del otro; Pienso que sólo poniendo por entero nuestro corazón en la miseria del otro, sabremos qué necesita realmente, entonces estaremos preparados para transformar ese dolor en riqueza, en  riqueza que da vida, que salva. Pero en este punto surge el inconveniente: ¿Estamos dispuestos a dejarnos ensuciar el corazón con miserias ajenas?

Ya lo dijo Antoine de Saint-Exupéry en El Principito: “Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible para los ojos”. Tenemos que dejar que sea el corazón el que mire, pero eso es todo un arte. Arte que sin embargo está al alcance de todos, sólo se necesita de paciencia y tiempo, se necesita de un corazón dócil, que se deje moldear como el barro en manos del alfarero.  San Josemaría sabía mucho de esto del arte de dejarse moldear el corazón, en uno de sus escritos nos dice: ¿Has visto cómo modela el barro un alfarero? Toma un puñado de arcilla, lo pone en el torno, lo hace girar, y sale un puchero, y otro y cien: todos iguales, objetos sin alma. Viene, en cambio, un artista, se sirve de otro puñado de barro igual que el anterior, y crea otra cosa. ¿Qué tiene ese hombre en sus manos, en su alma, en su gesto, en su trabajo, que ya no fabrica pucheros en serie, sino una obra de arte? Ese hombre, podríamos contestarle a san Josemaría, tiene el corazón en sus manos, tiene un corazón misericordioso…    

Algo similar sucede en nuestra relación personal con los demás, podemos hacer mera filantropía -“amor al género humano”- o podemos hacer de cada relación con otro, una verdadera obra de arte, única, irrepetible, mágica, en la que ponemos todo nuestro corazón, sin miedo a ensuciarlo, a que lo golpeen, o que lo devuelvan destrozado.  El papa Francisco nos recuerda que la misericordia, es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. La misericordia abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre, es fuente de alegría de serenidad y de paz.                                                         

Ser misericordiosos es entonces una actitud del corazón, que supera en demasía el realizar cosas, ya sean espirituales o materiales. Es una forma de vivir, es una manera de estar en el mundo. Pero hemos olvidado esto, por eso cada tanto necesitamos que nos guíen por estructuras, para volver al camino, pero eso es sólo el principio, cuando ya se está  cómodo en el camino del amor, la creatividad encontrará infinitas maneras de relacionarse con los demás, que eso es en definitiva tener un corazón misericordioso.

El Personalismo Comunitario (corriente dentro de la filosofía) de Emmanuel Mounier, (1905-1950) ya hablaba de esta idea, de  esa apertura, de ese diálogo verdadero hacia los demás a partir del encuentro. Mounier nos dice que: “La comunión nos lleva a la oblación a los demás, haciendo un don de nosotros mismos. Amor”. Nos recuerda que “Cada persona tiene una significación diferente e irremplazable en el sitio que ocupa dentro del universo personal. Esta es la magistral grandeza de la persona, que le concede la dignidad de un universo. Al mismo tiempo, todas las personas son equivalentes en su dignidad, aunque sean más numerosas que las estrellas”.Y el respeto a su dignidad, es secundariamente el respeto de su vida.                                                                                   

¿No se cansan entonces las ideologías de turno de despersonalizar al hombre? ¿No se dan cuenta de que tratarlo sólo como animal, negando su espíritu trascendente, es un fracaso comprobado en guerras y violencia, en odios y amarguras sin fin?  

Por eso la Misericordia es un Arte que deberíamos aprender todos,  porque los artistas nos enseñan a contemplar la realidad de otra manera, nos ayudan a despertar  del ensueño de creernos que vivimos en un mundo sin esperanza. Pero recordemos que la misericordia no se queda en una escueta actitud de compasión: la misericordia se identifica con la superabundancia de la caridad que, al mismo tiempo, trae consigo la superabundancia de la justicia.

Misericordia significa mantener el corazón en carne viva, humana y divinamente transido por un amor recio, sacrificado, generoso. Y terminamos con la pregunta que salió al comienzo: ¿Estamos dispuestos a dejarnos ensuciar el corazón con  miserias ajenas?

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