Despertadores de la verdad

“Mangrullo”[1], es un término muy conocido en el campo argentino. Se trata de una estructura de madera, alta, a la que se accedía por escaleras. Era posible encontrar a muchos de ellos dispersos en las pampas en la época colonial. Servían para alertar a los miembros de una comunidad o asentamiento ante la presencia de “malones” (invasiones de indígenas) que asediaban todo a su paso.

Sin embargo, la función de esa estructura gauchesca no se ha limitado ni al espacio, ni al tiempo de la pampa argentina. Hay muchos ejemplos a lo largo de la historia; de hombres y mujeres que han cumplido la función de “mangrullos”: alertar o despertar a quienes los rodeaban acerca de algo que no estaban viendo, e invitarlos a ver más allá. Por mencionar sólo un ejemplo, podría pensarse en la predicación de San Pablo en el Areópago de Grecia.

Ahora, si uno pensara en los chicos y chicas de hoy, ¿Dónde y cómo pueden ser “mangrullos”? Las respuestas pueden ser muchas. Pero hay una muy particular: la Universidad. Es que muchos de nosotros hemos pasado y pasamos muchas horas en las aulas de una casa de estudios. Ese “pasar” puede ser sólo eso, o puede ser más. Puede ser un paso que deja huella.

Reflexionando sobre la misión de la Universidad, Benedicto XVI decía que su objetivo consiste en “mantener despierta la sensibilidad por la verdad”[2]. Es que muchas veces nuestros lugares de estudio han quedado presos de las ideologías –que desfiguran la realidad–, o los intereses económicos o políticos –que antes que la verdad, ponen la utilidad–.

Sin embargo, el joven universitario tiene frente a sí este gran desafío: lograr que la razón no se rinda ante el poder o la ideología. Y para eso cuenta con una herramienta: la fe. Ésta le recuerda a la razón su aspiración a la verdad. Y esto puede hacerse de muchas maneras, en las distintas facultades y ramas del saber. Se trata de crear espacios de verdadero diálogo para que la verdad sobre el hombre y el mundo siga encendida.

Así, el universitario puede y debe ser hoy como un mangrullo. Mantenerse despierto y ver más allá, a través de una buena formación –que no es sólo técnica–. Y despertar a sus compañeros, procurando que estos no “se duerman” frente a la cuestión de la verdad.

Matías Pedernera Allende

[1] El ejemplo le pertenece a la Dra. Chinda Brandolino.
[2] Conferencia que el Papa Benedicto XVI iba a pronunciar durante su visita a la “Sapienza, Universidad de Roma”, el jueves 17 de enero de 2008.

Dejar una Respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.